¡Hay Guerra en el Penal!
Cualquiera puede pensar que la
cárcel existió siempre, pero no es así. Es una invención de la modernidad. Si
bien es cierto el encierro como medida para asegurar la aplicación de las penas
existe desde siempre, como sistema que aplica la prisión como pena aparece
entre los siglos XVI y XVIII. Dentro del encierro, se aplicaban los tratos más
atroces y abominables y, en todo caso, la idea que permitió la trasmutación fue
disminuir el rigor de la pena de muerte. Aquello fue influido por el humanismo
clásico y el positivismo científico. Para el uno, era una cuestión de humanizar
el Derecho Penal y, para el otro, de curar el crimen y al criminal como si se
tratase de una enfermedad social. Este sistema se perfeccionó hasta el punto de
crear su propia estética. El arquetipo de ésta fue el panóptico, creado por
Bentham. Aquel empató perfectamente con la sociedad del control que evidenciaba
Foucault, donde la autoridad puede verlo todo desde la torrecilla de la
sociedad y desde allí aplicar castigo a los insubordinados.
A pesar de las buenas
intenciones, la cárcel es una aberración social, pues adoptó lo peor del
encierro preventivo permitiendo el abuso judicial, y no ha logrado rehabilitar,
sino únicamente en contextos excepcionales como es el caso de los países
nórdicos, Alemania, Holanda y Bélgica, por coincidencia, los países donde el Estado
de bienestar aún sobrevive. En América Latina, por las propias condiciones de
inequidad, colonialismo y dependencia económica, la cárcel ha devenido en un
mecanismo para criminalizar a los más pobres y en una buena imitación de los
anillos del infierno de Dante.
Durante la última década se
anunció por el ex presidente de la República que se iba a modernizar y
humanizar el sistema penitenciario, puesto que él mismo había sido víctima de
este régimen injusto cuando su padre fue apresado. Su intención era transformar
cárceles donde existía hacinamiento, violencia, descontrol y la rehabilitación
era un eufemismo. De esta manera, se construyeron las cárceles regionales, bajo
el modelo de las que funcionan en los Estados Unidos. Se logró, sin embargo,
perfeccionar la lógica del castigo, la exclusión y el dolor. Incluso, se puede
decir que el régimen anterior, el de las cárceles derruidas, sucias y
hacinadas< era mejor desde lo humano. El nuevo sistema sometió a controles
estrictos de todo, hasta de la vida íntima de los privados de libertad.
Se separó, de manera rupestre, a
los privados de libertad por su “peligrosidad” como en el más rancio
positivismo garofaleano. Con esto, sumado al aumento de abuso de la prisión
preventiva y el rigor de la política contra las drogas, hizo de las cárceles
una olla de presión que finalmente ha explotado. Entonces, la primera
explicación de la crisis penitenciaria es que el perfeccionamiento y
sofisticación del régimen de castigo es la principal causa. Por lo pronto, lo
único claro, parafraseando a un video que hizo hace unos años el Ministerio de
Justicia, “hay guerra en el penal”.
Por: Dr. Luis Ávila Linzán
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