Análisis sobre la consulta popular, Ecuador (2018)
Consulta popular 2018: ¿Termidor o 18 Brumario?
I. Introducción. ¿La consulta popular: Termidor o 18 Brumario?- El
presidente Lenin Moreno puso en marcha la consulta popular para decidir varios
temas. Se vio obligado ante el bloqueo dentro de País y ante la imposibilidad
de gobernar con autoridades que tienen serios cuestionamientos sobre su independencia.
Las preguntas de la consulta fueron quirúrgicamente trabajadas. Dos son las
centrales: la de la reelección indefinida y la del consejo transitorio del
Armagedón. Las restantes: tres populistas (1, 4 y 6) y dos tramposas (5 y 7).
Digamos que de las centrales, la
una es la del termidor, y la otra es la del 18 brumario. Las restantes 5 son un
bloque de preguntas inútiles que están guiadas a empujar al populacho a votar
como se acostumbra en un país como el nuestro: "todo sí" (o
"todo no" dependiendo del contexto). En realidad, las dos preguntas
mencionadas son las importantes, las otras son un placebo político. Los de
Alianza País (AP) dicen que esta consulta no es democrática y que se trata de
un golpe blando (concepto sin sustento teórico riguroso), pero no dijeron lo
mismo cuando aprobaron la reelección indefinida sin consulta popular y le
metieron la mano a la justicia hasta la rabadilla. Por su parte, los partidos
de oposición y de derecha apoyan abiertamente esta iniciativa y los de AP dicen
que se derechiza el proceso y que Lenin es un traidor. En realidad, este
proceso de derechización ha empezó en 2010 luego del 30-S con Correa a la
cabeza. ¿Sin embargo, tiene otra opción Lenin?
En el trasfondo aparece un tipo
escribiendo en las redes sociales desde un ático con guardia privada pagada con
nuestros impuestos (que financian dislates como Yachay, plataforma financiera
para aumentar la venta de maduro, y carreteras que se presupuestaron en 16 y
terminan constando 130 millones...) y lejos del alcance de nuestro súper
independiente poder judicial. Lenin tiene la ventaja de tener el aparato
estatal a su favor y los de AP están tratando de aprender a hacer política sin
poder, pero les está costando mucho esa lección. Lenin tiene el reto de
gobernar AP y su la nueva organización “Democracia Sí”.
En todo caso, la consulta es la
única alternativa viable y efectiva para que Lenin pueda tener gobernabilidad,
pero tiene dos retos. Por una parte, comenzar a ejecutar sus planes de gobierno
en todos los sectores de la sociedad y la economía, y además lograr conformar
un Consejo Transitorio (el del Armagedón) con la participación de todos los
sectores políticos (incluidos los de derecha) y que tenga legitimidad social,
puesto que si no lo logra, le dará la razón a sus detractores y escépticos de
que lo que se busca es tener organismos de control a su medida y no a las de
Correa. Por su parte, el Poder Judicial no va a ser tocado, pues los jueces son
útiles para un dueño como para otro... ¿O será que se los lleva el Armagedón
plebiscitario? En todo este entuerto, lo único que está claro es que el
Termidor sigue su marcha y que 18 brumario es una espada sobre nuestras
cabezas...Es decir, en la consulta no está en juego la transformación y el
cambio social, sino el reacomodo de las fuerzas políticas conservadoras
(Termidor) con una leve esperanza de progresismo, o el fin violento de toda
utopía política (18 Brumario).
En lo que sigue voy a analizar
cada una de las preguntas, aún las inútil-populistas, sin que apoye el sí o el
no, sino mostrando sus pro y contras.
I. Pregunta 1: ¿Muerte civil?- La primera pregunta al pueblo es
sobre si está de acuerdo con que las autoridades que fueron condenados por
actos de corrupción nunca puedan ocupar cargos públicos y pierdan sus bienes (se
entendería, hasta el monto del perjuicio). Este es una pregunta atractiva y
demagógica, puesto que busca empatar con el sentimiento de indignación por las
denuncias de corrupción de los últimos tiempos en Ecuador y en el mundo. ¿Pero
es la corrupción una agenda estructural? Hay mucho de miseria en las luchas
anticorrupción, extrañamente apoyadas por la cooperación internacional.
Primero, sólo se mira la corrupción en nuestros países, por eso resulta extraño
que en los famosos “Panamá papers” no aparezcan empresas del primer mundo ni
particularmente de los Estados Unidos. Segundo, estas agendas invisibilizan los
grandes negocios y corrupción de las transnacionales y de los países
desarrollados, tales como el narcotráfico, venta de armas, trata y tráfico de
personas, prostitución infantil, venta de órganos, etc. Así, sólo aparece la
percepción de las empresas respecto de la baja corrupción en el informe anual
de Transparencia Internacional Y, tercero, el énfasis de esta agenda está en la
represión especialmente penal como única solución, con lo cual se deja de lado
la reforma estructural que necesitan las instituciones. Paradójicamente, no es
la informalidad lo que perjudica las inversiones de las empresas
transnacionales, sino justamente el control de los recursos que se sacan de
nuestros países con total descaro las transnacionales.
En este contexto, la "muerte
civil" que se discute también en otros países de la Región (Perú por
ejemplo), no es una solución para la corrupción, sino una medida que destruye las
instituciones y se puede convertir en una efectiva arma para perseguir a los
enemigos políticos. Es en el fortalecimiento de la institucionalidad donde está
el dique más importante para impedir o disminuir la corrupción. La “muerte
civil” tiene la misma lógica que la pena de muerte. ¿Tiene utilidad disuasiva?,
¿tiene legitimidad el Estado o la sociedad para decretar la muerte (en este
caso, civil)? Frente a esto, hay que profundizar la institucionalización del
Estado ecuatoriano que aún funciona como una hacienda, particularmente el Poder
Judicial a quien hay que dotar de mayor independencia. Al mismo tiempo, las
políticas sociales deben redistribuir las riquezas para tener una sociedad más
equitativa. Hay que hacer una reforma al sistema educativo y laboral donde se
premie las capacidades, la inclusión y la solidaridad antes que los títulos y
cargos. Por supuesto, esto no se arreglará con una consulta, sino con una
verdadera revolución política y social: la ideología de la muerte debe ser
reemplazada por la de la vida en igualdad de oportunidades e inclusión social.
II. Pregunta 2: ¿reelección indefinida o "fuera, Correa,
fuera..."?- Esta es la pregunta que le preocupa al ex-presidente Correa,
puesto que de aceptarse, él no podría jamás volver a ser candidato a la
presidencia. ¿Por qué? La pregunta 2 le consulta a la gente sobre si está de
acuerdo en que se elimine la reforma constitucional hecha por la Asamblea sin
consultar al pueblo. Si en esta pregunta gana el sí, simplemente quedaría
vigente la norma aprobada en Montecristi que establece que sólo se puede ser
reelecto por una vez, ya sea inmediatamente o luego de un período. Correa ya
fue relecto. Aquí se planteaba que no se puede aplicar esta reforma de manera
retroactiva. Sin embargo, la pregunta está tan maquiavélicamente hecha que
anula la reforma inconstitucional y antidemocrática. ¿Cuál es el efecto
jurídico central de la nulidad?: volver las cosas al estado anterior, es decir,
la reelección como se aprobó en 2008 por el pueblo en consulta popular. La
pregunta ni el inexistente dictamen han modulado la pregunta 2. De acuerdo a
esto, la pregunta es: ¿es una pregunta sólo dedicada a Correa o nos jugamos
algo más?
(1) En la coyuntura, es clara la
intención del régimen de dejar fuera de combate al caudillo. Por dos razones,
porque su estilo no lo dejaría gobernar; y, porque no se logró una transición
política ordenada, lo cual fracturó a AP. Por eso, Correa regresó a intentar
desde su bastión político en Manabí virar la votación a su favor, de victimizarse
y de acusar de traidor a Lenin. Tiene todo claro, de esta pregunta depende su
particular forma de ver la política. En realidad, sabe que va a perder en esta
pregunta, pero busca disminuir el margen, puesto que, a la larga, se trata esta
pregunta de una medición de fuerzas políticas entre Correa y Lenin. Si el
margen es amplio, se dirá que Lenin pudiera ganarle en una hipotética elección
en primera vuelta. En esta pregunta, Correa se juega su carrera política.
(2) En lo estructural, es
necesario garantizar un sistema de relección más equilibrado, que permita la
alternabilidad. Aquello fortalece la participación y la emergencia de nuevos
cuadros políticos, y evita el caudillismo mesiánico que tanto daño hace a nuestros
países. La consulta en esta pregunta le da la oportunidad al pueblo a ser
escuchado finalmente, puesto que en 2015 esto no fue posible. El pueblo debe
enseñar a sus políticos la nueva didáctica del poder y la nueva ética del
ejercicio de la política.
Así, que en la consulta en esta
pregunta nos jugamos algo más que las apetencias de un sujeto concreto, nos
jugamos la posibilidad de fortalecer la democracia y es sistema político. Por
supuesto, no es el único cambio, pero es una puerta importante para tener
instituciones políticas al servicio de la gente y no únicamente del régimen de
turno.
III. Pregunta 3. ¿Democratización o cambio de autoridades?- Como ya
lo dije en otro lugar, la frase "por esta única vez" que se incluye
en nuestras normas jurídicas, define la cultura política de la clase política
ecuatoriana, lo cual destruye a las instituciones. Nuestros procesos políticos
en Ecuador se juegan entre dos extremos: estabilidad aparente y crisis
institucional. El ciclo parece ser el siguiente: a) un grupo político genera
una ruptura y proyecta un discurso de cambio; b) este grupo implementa una
transición y una propuesta política de cambio; c) aparecen las contradicciones
y se inicia una nueva crisis política; y, d) inicia un nuevo grupo otra ruptura
y el ciclo vuelve a comenzar. Cada crisis va marcada por una fuerte reforma
institucional y una nueva Constitución. Estos ciclos se dan en un tiempo de 5 a
10 años. Ahora, lo curioso es que estas crisis se resuelven con el simple
cambio de autoridades y nuevos partidos y actores políticos; y, las
transformaciones experimentan retrocesos de manera pendular. Por eso, he
afirmado que la realidad política del país puede resumirse en la siguiente
máxima: "avanzamos cinco pasos, regresamos tres... Es decir, adelantamos
dos...".
Esto puede ayudar a explicar en
gran medida el actual contexto de crisis. Esta crisis tiene algo de artificial,
puesto que es provocada por la necedad de Correa y su inmadurez para asumir una
transición ordenada y la continuidad de un proyecto político. Tiene algo de
ficticio también, puesto que hasta ahora no se ve una ruptura real entre el
correísmo y el morenismo, dos visiones apenas separadas por un estilo de
presencia pública. En lo demás y en lo realmente importante, sigue exactamente
igual. Por supuesto, algunas cosas deben mantenerse, por ejemplo el modelo
económico y de desarrollo; y, otras no, la confrontación, la dependencia de los
poderes, la intervención de los medios, entre otros. Pero, ante este contexto
de polarización y desacuerdo, nos encontramos una vez más ante el mismo dilema:
¿vamos a la transformación política o sólo es un nuevo cambio de autoridades?
A esto nos enfrenta la pregunta 3
de la consulta que propone la cesación del actual Consejo de Participación y el
nombramiento de un consejo transitorio, integrado por ternas del Presidente.
Este Consejo transitorio va a evaluar a todos los electos por el actual.
En esta propuesta se ve la
intención de que sea un mecanismo inmediato y sin complicaciones políticas que
pudieran traer la necesidad de un acuerdo y deliberación política. Por eso, la
elección del Consejo transitorio será casi a dedo, pues de no hallarse acuerdo,
entra el primero de la lista. No es muy claro qué debe entienderse por
"evaluar" a las autoridades... ¿Puede cesarlas?, ¿puede elegir
interinas o nuevas?, ¿Qué controles democráticos tiene este organismo? En otras
palabras, nos ponemos en manos de la voluntad única del Ejecutivo para
"democratizar" o "retornar a la democracia".
De esta manera, esta pregunta que
rompe las instituciones una vez más ("por única vez"), no depende de
lo que decidamos en la consulta, sino de la integración del Consejo
Transitorio. Eso le da a Lenin la enorme oportunidad de hacer cambios
revolucionarios, profundizar lo bueno que se hizo o destruir todo y entregarlo
a la derecha de siempre. ¿Ingenuidad? Es posible, pero no tenemos otra
alternativa. Que nos queda: ¿soportar a las autoridades de control nombradas
desde el hígado y corazón del caudillo y a dedo, que están entorpeciendo la
fiscalización social de la corrupción, la regularidad institucional y la paz
ciudadanas. Nos queda esperar las dádivas del déspota ilustrado de turno? O
podemos intentarlo una vez más. ¡Qué difícil esta pregunta desde las ética,
convicciones y militancia de izquierda!
Nuestra reflexión y voto en esta
pregunta debe ser estar precedida de una verdadera cirugía política. No es
cuestión de votar sí o no, sólo digo que es cuestión de entender lo que nos
jugamos como país y como proceso histórico de cambio. O tal vez, sólo avanzamos
una vez más dos pasos en vez de cinco posibles en la historia política del
Ecuador.
IV. Pregunta 4: ¿Prescripción o renuncia política al poder
punitivo?- La pregunta 4 es sobre si los delitos sexuales contra niños, niñas y
adolescentes deben ser imprescriptibles. Para el ciudadano de a pie esto suena
como chino avanzado. Lo voy a explicar en lenguaje sencillo. Dos ideas básicas.
Una, el único que puede encarcelar e imponer condenas es el Estado. Dos, lo
hace mediante un proceso reglado previamente que tiene como fin imponer un
castigo por el daño social realizado. Como ustedes lo intuyen esta actuación
necesaria del Estado debe ser inmediata y lo más ágil posible, por lo cual,
debe terminar en algún momento. La capacidad de iniciar un proceso penal se
llama acción y se debe dar en un tiempo determinado. A este tiempo se le llama
prescripción, que quiere decir que sólo dentro de ese tiempo se puede iniciar y
terminar el proceso penal. Si alguien quiere iniciar por fuera de este tiempo,
el proceso es nulo. Es necesario que termine el proceso no sólo por seguridad y
paz sociales, sino porque es obligación del Estado dar una respuesta judicial
oportuna y eficiente, y no del ciudadano. De esta manera, si un proceso
prescribe es por ineficiencia del Estado y no del ciudadano, es el fracaso
total de todo el sistema democrático para solucionar los conflictos jurídicos.
Por supuesto, hay algunos procesos no penales que prescriben por actuación de
los ciudadanos, pero esto no puede ocurrir en los penales, pues el Estado tiene
la responsabilidad de seguir de oficio al menos los de acción pública, que son
los delitos de mayor gravedad o incidencia social. En consecuencia, la
prescripción es una herramienta de garantía penal en favor del ciudadano, pues
nadie debe estar condenado a litigar por la eternidad.
De acuerdo a esto, todas las
formas política para declarar imprescriptibles los delitos son parte de un
discurso demagógico, pues esto no garantiza que el Estado solucione el
problema, sino que el efecto sería que nunca se cierra, con lo cual quedaría
impune y el procesado en el limbo. Además, la imprescriptibilidad de ciertos
delitos ha tenido un uso político nefasto.
Así, en la Constitución de 2008,
se declararon imprescriptibles los delitos contra la humanidad y los
relacionados con la corrupción. Respecto de los delitos contra la humanidad, la
idea es que siempre exista la posibilidad de castigar a los violadores
sistemáticos de los Derechos Humanos. Esto es una excepción y es importante
porque los delitos contra la humanidad son parte de acciones sistemáticas e
históricas que tienen abundante evidencia, y es en un medio para sancionar las
graves violaciones de los Derechos Humanos. Sin embargo, no ha funcionado... No
funcionó con Amin Dadá, los Duvalier ni con Pinochet, ni Videla... Esto pone en
cuestión esta excepción, pero en todo caso es un mínimo universal y de
consenso...
La imprescriptibilidad de los
delitos de corrupción tenía nombres y apellidos: Abdalá Bucaram, Alberto Dahik,
y Jamil Mahuad. Así este mecanismo se convirtió en un abuso que podríamos
llamar "ostracismo o exilio moderno". Por lo tanto, bastó iniciar
juicios penales contra el político indeseable por el régimen de turno y ponerlo
en el congelador. Pero les falló el cálculo, pues esta norma no aplicó sino
para el futuro y los casos de Bucaram fueron antes de 1998. Así, luego de 30
años, él está de regreso. Este mecanismo expulsatorio no es tampoco eficiente,
puesto que no se logró sancionarlos ni recuperar lo que se dijo había perjudicado
los dineros públicos.
¿Entonces, renunciar a ejercer
justicia sobre los delitos sexuales es combatir la impunidad o extenderla para
siempre? Además, puede tener un uso político demasiado peligroso. Con una
simple denuncia o un testimonio de alguien que dice haber sido tocado hace 50
años, ponemos fuera de combate a un político para siempre, pues la gente
perdona a los corruptos, pero no a los violadores. Un elemento grave, además,
es que incluye a "todos los delitos sexuales"... es decir, desde una
mirada obscena en un bus hasta una violación violenta por parte de un
consanguíneo. ¿Vamos a dejar abierto un caso censurado socialmente para el que
no se necesita sentencia para juzgarlo en las calles? Esto es profundamente
racista y peligroso...
Esta pregunta es inútil para
mejorar el sistema de justicia y la protección de los niños y adolescentes de
la violencia sexual, pero puede servir para un uso político perverso. El
mensaje social de esta pregunta sería que el Estado no puede solucionar estos casos,
entonces se olvida de ellos y de sus víctimas. Al mismo tiempo, se abriría una
vía de conflicto social con impredecibles consecuencias.
V. Pregunta 5 de la consulta: ¿la trampa de la ideología o de la
democracia plebiscitaria?- Una de las cuestiones que son más desconcertantes en
la política penal es ver a quienes defienden la libertad pugnar por reformas
punitivas. Eso pasa con algunos grupos feministas que piden más cárcel para los
violadores cuando la lucha histórica por los derechos de las mujeres negaba la
cárcel o lo identificaba como un instrumento de persecución y muerte. A esto
Zaffaroni le llama "la trampa de la ideología". Así, es muy fácil
para la izquierda proponer penas de muerte para los violadores aunque siempre
criticó que el derecho sea un instrumento de clase para oprimir a las clases
proletarias. Y desde la derecha, no es raro que se impulse modelos
proteccionistas y contrarios al libre mercado, cuando sus tesis son
supuestamente neoliberales. Frente a la pregunta 5, algunos grupos ambientalistas
enfrentan esta trampa de igual manera. Creen que aumentar el control penal y
administrativo lleva a la protección, y que los cambios en la política de forma
aunque no funcionen, en todo caso, proyectan un mensaje simbólico.
No obstante, hay varios grupos de
ecologistas radicales que van más allá. Así, ante el llamado proyecto Yasuní
(2008), anunciado por el Presidente Correa, ellos se organizaron para darle
forma política a una nueva era de la protección de la naturaleza. Pero Correa
boicoteó su propio proyecto y decidió explotar el Yasuní con los mismos
argumentos de cualquier petrolera... Aquello llevó a quienes se autodenominaron
Yasunidos a plantear una consulta popular que fue bloqueada descaradamente por
el gobierno de Correa.
Esto nos lleva la trampa de la
democracia plebiscitaria. Tradicionalmente, las consultas son tramposas y
buscan únicamente legitimar al régimen de turno, o legitimar alguna
intervención para cambiar autoridades o asegurar el control político. La
pregunta 5 no es populista, sino tramposa y regresiva en derechos, pues el
artículo 407 de la Constitución prohíbe "toda actividad extractiva"
(no sólo de metales...) en zonas protegidas e intangibles. Incluso el artículo
57.20 de la Constitución amplía esta prohibición a los territorios intangibles
y ancestrales indígenas donde existan pueblos no contactados (razón por la cual
se inició una feroz persecución a los huaoranis y un ex-ministro aseguró que no
existían pueblos no contactados en el Yasuní).
Lo que incorpora de nuevo la
pregunta 5 es la prohibición de explotación en "zonas urbanas". ¿Esto
es un avance? Aparentemente. Sin embargo, ¿cuántas minas, excepto el caso de
Zaruma, están en zonas urbanas? Entonces, nos encontramos ante la trampa de la
democracia plebiscitaria una vez más. La pregunta efectiva era la que volvieron
a proponer los Yasunidos y Acción Ecológica: si estamos de acuerdo que se deje
el petróleo bajo tierra para evitar la degradación de la naturaleza, que fue el
mandato constitucional de Montecristi y que los ecuatorianos aprobamos en 2008
por consulta popular.
En definitiva, esta pregunta no
es una trampa ideológica en el sentido estructural, pero sí de la democracia
plebiscitaria, pues no contiene un mandato concreto y efectivo para la defensa
y protección de la naturaleza. Parece que seguiremos siendo un país gastando el
oro sobre el que estábamos sentados para mantener a la clase política y las
élites parasitarias a costa del silencioso asesinato de la naturaleza. Esta
pregunta es inútil así votemos sí o no.
VI. Pregunta 6: ¿Equidad tributaria?- Otra pregunta de difícil
explicación popular. Nuestros sistemas tributarios son tradicionalmente
inequitativos y ponen la mayor carga sobre los hombros de los más pobres. Sin
embargo, nuestro sistema se presenta como justo, pues se ampara en el principio
de mayoría. Así, son los impuestos indirectos más del 80% de los ingresos
tributarios. El justificativo de esto es que estos impuestos son fáciles de
cobrar, pues los agentes económicos retienen en nombre del Estado los tributos,
y éstos se producen con el consumo cotidiano y no depende de ningún hecho
aleatorio. Además, se dice por ejemplo “si el IVA, impuesto indirecto por
excelencia, es 12% es para todos por igual, sean ricos o pobres. Por su parte,
los impuestos directos gravan la riqueza real y, en el caso del Ecuador, el
excedente económico (Impuesto a la Renta). La derecha siempre ha dicho que
estos impuestos afectan la producción, pues encarecen costos y no se estimula
la generación de riquezas.
Pero veamos qué esconde este
orden alienatorio. El régimen tributario ecuatoriano pone su carga en los más
pobres. Primero, porque el impacto de la tributación no es uniforme, sino que
va de acuerdo a los ingresos. Todos consumimos y allí pagamos el IVA, pero su
carga quita el pan de la mesa de los pobres, mientras que a los ricos sólo
encarece su nuevo IPhone. Segundo, porque esta carga ocurre cuando el
comerciante desplaza el valor del IVA al consumidor, y tercero, porque esto no
permite emprendimientos creativos y productores de riqueza, sino que acentúa
las brechas sociales y favoreces la economía oligopólica y monopólica, y la
dependencia económica en mano de los importadores y la intermediación
económica.
El impuesto a la plusvalía fue
aprobado en medio de una crisis política y con motivos más coyunturales:
afectar algunos proyectos en manos de los amigos del régimen. Luego, se dijo
que era para evitar la especulación de las tierras cercanas a la obra pública
en proyecto o en construcción. Más allá de estos motivos, esta ley es
equitativa, pues grava directamente la riqueza de las élites. Por supuesto, en
un régimen tributario tan injusto, su impacto es nulo. Así, que el supuesto
motivo ahora es reactiva la construcción en Ecuador. No se ha se ha demostrado
que esto sea por este impuesto y más bien parece que la crisis de la
construcción tiene que ver más con el estancamiento económico y del precio de
los energéticos, que con la plusvalía. Habría que ver cuánto pagan las grandes
compraventas de inmuebles de los ricos, el relajamiento del régimen tributario
que los favorece y los intereses en la tierra que tienen los nuevos amigos del
gobierno, para entender la intención de derogar este impuesto. Sin embargo,
vivimos una sociedad alienada respecto de la propiedad, que cualquier cambio a
eso aunque sea simbólico, moviliza a la gente. Esto lo aprovecha el gobierno
para empujar el sí en las preguntas 2 y 3 que son el centro de la coyuntura
política.
Por el momento, se quiere
eliminar un tributo que apunta a un régimen tributario más equitativo. ¿Qué
viene después? Posiblemente, un aumento de los impuestos indirectos y una
metida de mano, esta vez, al bolsillo de los más pobres.
VIII. Pregunta 7: ¿Trampa otra vez?- Finalmente, el aumento de
algunas hectáreas a la zona intangible es otra pregunta tramposa. La
Constitución prohíbe toda actividad extractiva en las zonas intangibles y zonas
protegidas. Toda la disputa política de las últimas décadas se ha centrado en
definir la extensión de estas zonas. Normalmente, las organizaciones de
sociedad civil y los sectores progresistas han perdido casi todas las batallas
en este campo político. Siempre se ha buscado que estas zonas sean lo más
amplias posibles, pero ahora se quiere establecer un límite especifico. Con
esto, ¿ganamos protección ambiental? Me parece que se está firmando
capitulaciones de guerra, donde la gran derrotada es la Pachamama.
Esta pregunta nos muestra la
realidad de la protección de la naturaleza en Ecuador: los triunfadores de la
guerra son las transnacionales, el capital internacional, los grupos de poder
que se chupan todos los recursos para su supervivencia y la explotación de los
más débiles; y, la política utilitarista y extractiva del Estado, como siempre,
en manos de una casta política ignorante, feudal y conservadora.
Por: Luis Fernando Ávila Linzán.
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